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dissabte, 31 de març del 2012

Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante

Una vez, Buddha estaba al Jetavana, en el reino de Sravasti. A la hora de la comida los monjes cogieron sus cuencos y fueron a la ciudad a mendigar alimento. Pero como no era aún mediodía y era muy temprano para entrar en la ciudad decidieron ir a sentarse un rato en una a sala dónde se reunían los brahmanes, cogieron sitio y se sentaron.
En aquel momento los brahmanes discutían entre ellos acerca de sus libros santos y se había formado una disputa que no conseguían resolver. Se decían mutuamente: 'Esto que sabemos es ley ; lo que sabéis vosotros, ¿cómo puede ser la ley? Lo que nosotros sabemos está de acuerdo con la doctrina ; lo que vosotros sabéis ¿cómo puede estar de acuerdo con la doctrina? Lo que debe decirse después, vosotros lo decís antes. Vuestra ciencia es vana y no tenéis el menor conocimiento'. Era así como repartían los golpes con el arma de la lengua y, por un golpe recibido devolvían tres. Los monjes observando a las dos partes insultarse, no autentificaron ninguna de las opiniones, se levantaron de sus sitios y fueron a mendigar alimento a la ciudad.

De vuelta a Jetavana se sentaron cerca de Buddha y le contaron lo sucedido. El Buddha contó esta historia:
Hace mucho tiempo, había un rey que comprendía la Ley búdica pero las personas, ministros o gente del pueblo, estaban en la ignorancia, referente a las enseñanzas parciales, tenían fe en el resplandor de cualquier estrella brillante y dudaban de la claridad del sol y de la luna. El rey , deseando que sus gentes no se quedaran entre mares y navegaran por grandes océanos, decidió mostrarles un ejemplo de su ceguera. Ordenó a sus emisarios recorrer el reino para buscar ciegos de nacimiento y traerlos al palacio.
Cuándo los ciegos fueron reunidos en la sala del palacio el rey dijo: 'enseñadles los elefantes'. Los oficiales llevaron a los ciegos junto a los elefantes y se los mostraron guiándoles las manos. Entre los ciegos uno cogía la nalga del elefante, otro agarraba la cola, otro cogía la raíz de la cola, otro tocaba el vientre, otro, el costado, otro, la espalda, otro una oreja, otro, la cabeza, otro, un colmillo, otro, la trompa.
Los emisarios llevaron después los ciego al rey quien les preguntó : '¿A qué se parece un elefante?'. Aquel que había tocado una nalga contestó: 'Oh sabio rey , un elefante es como un tubo'. Aquel que había tocado la cola decía que el elefante era como un escoba; aquel que había agarrado la raíz de la cola que era como un bastón; aquel que había tocado el vientre, que era como una pared; aquel que había tocado la espalda que era como un mesa elevada; aquel que había tocado la oreja que era como un gran plato; aquel que había tocado la cabeza, que era como un gran extensión; aquel que había tocado un colmillo; que era como una asta; aquel que había tocado la trompa, contestó 'Oh gran rey, un elefante es como un cuerda'.
Los ciegos empezaron entonces a discutir, cada uno afirmaba que el estaba en lo cierto y los otros no, diciendo: 'Oh gran rey , el elefante es realmente como yo lo he descrito'.
El rey rió entonces a carcajadas y dijo: 'todos vosotros sois como estos ciegos. Discutís inútilmente y pretendéis decir la verdad; habiendo percibido una parte, decís que el resto es falso, y por un elefante, os querelláis'.
El Buddha dijo a los monjes: 'así son estos brahmanes. Sin sabiduría, debido a su ceguera, llegan a disputarse. Y debido a su discusión quedan en al oscuridad y no hacen ningún progreso'.
Atribuida a Rumi, sufí persa del s. XIII.

divendres, 23 de març del 2012

UN CUENTO PARA SANAR

Los cuentos pueden ser usados como una herramienta en la terapia con adultos. La elaboración del propio cuento (selección de personajes, conflicto a resolver, evolución del conflicto, resolución del mismo y final feliz) por parte del cliente le permite a éste ahondar en sus dificultades del momento de una manera simbólica y muy poderosa, ya que el argumento del cuento autoinventado conecta directamente con el inconsciente del individuo y le ayuda a buscar soluciones propias y creativas a los conflictos planteados. Cuando el cuento se detiene, cuando el cliente no sabe cómo continuar, entonces nos está hablando de aquello que todavía no puede resolver en su vida real. Allí el cuento se detiene  por un tiempo y su argumento va trabajando a nivel inconsciente hasta hallar una solución, que puede demorarse más o menos en el tiempo, según las herramientas personales de que disponga cada uno  y del trabajo paralelo que se esté realizando en la terapia.

La resolución del conflicto del cuento libera al protagonista y lo dignifica, le da alas, le permite creer en sí mismo, en su potencial y en sus capacidades reales, y esa confianza, si queda bien anclada, con ayuda del terapeuta, puede trasladarse a la vida real del cliente.

El cuento nunca es interpretado por el terapeuta mientras dura su proceso de elaboración, ya que ello detendría e influenciaría el potencial creador y resolutivo del propio sujeto. Sólo después de su conclusión, y si el terapeuta lo cree necesario, puede ser utilizado por éste para que  el cliente comprenda el simbolismo del mismo, si cree que ésto le puede ayudar  a avanzar en su proceso de crecimiento personal.

Paola Santagostino, en su libro UN CUENTO PARA SANAR (ed. Obelisco) nos habla del simbolismo  y el significado de los personajes de los cuentos, y nos enseña a crear nuestro propio cuento, a inventar cuentos para nuestros hijos y a nutrirnos con la elaboración  de los mismos.

El cuento inventado contiene la esencia del proceso vital que está viviendo su autor, nos habla de su pasado y de su presente, así como del futuro inmediato hacia el cual se orienta. Es una potente herramienta que potencia el autoconocimiento, y que posibilita la comunicación vital entre padres e hijos. El inconsciente del hijo capta de inmediato el significado profundo del cuento del padre o de la madre, y le permite la comprensión y la comunicación real con ellos, sin juicios, el inconsciente no entiende de juicios.

diumenge, 18 de març del 2012

Max, el robot que aprendió a llorar

Max, había nacido, o mejor dicho había sido diseñado y fabricado el año 2011. Tenía que ser  el primero de una generación de robots capaces de aprender por ensayo y error, es decir dotado de  inteligencia artificial.

Max aprendía rápido, observaba, repetía y pronto perfeccionaba cualquier proceso. La empresa fabricante había contratado dos técnicos responsables de su aprendizaje,  uno era Esteban, informático y adicto a la Coca-Cola y el otro Julián,  un pedagogo amante de las tertulias de bar.

Esteban, el informático,  tenía poca vida privada y dedicaba casi todas las horas del día a adiestrar a Max, para él era una relación terapéutica porque el robot escuchaba pacientemente todos sus problemas. Y suerte que Max sólo era un robot, sin emociones, porque al lado de Esteban la vida era como una montaña rusa que pasaba  rápidamente de la euforia a la depresión. Julián era diferente, siempre estaba enérgico y enseñó a Max a jugar a futbol, a hablar en público, a saltar, a competir, a jugar al ajedrez, …
Al principio todo iba estupendamente y en dos meses Max había aprendido a caminar, correr, hablar, leer, …. Era increíble, a cualquier niño le hubiese costado años aprender todo eso.

Los problemas empezaron en el “Congreso”,  cuando Julián, orgulloso igual que un padre, presentó a Max al mundo. El robot tenía que hablar en público y demostrar sus habilidades, pero mientras estaba explicando su experiencia,  el software se bloqueo y tuvieron que pararlo y reiniciar el sistema. Desde entonces Max ya no aprendía tan rápido y si le presionaban se quedaba bloqueado.
Los técnicos habían revisado todo el hardware y el software, pero no habían encontrado ningún problema. Habían contratado a especialistas de todas las áreas, pero todo parecía perfecto y no entendían que pasaba. Algún especialista había sugerido que si no fuera porque es un robot y por tanto es imposible, parece que Max se bloquea cuando tiene miedo. ¡Qué absurdo!

El proyecto fue perdiendo interés para la empresa, ya habían gastado demasiado dinero y no estaban dispuestos a gastar ni un euro más en un diseño de robot que constantemente se bloquea. Esteban era el que peor lo vivía, su humor se fue deteriorando y empezó a beber. Un día lo encontraron muerto en su apartamento, había tenido un paro cardíaco.  Aquel día Max se sentó en una silla, postró la cabeza hacía delante y se quedó bloqueado.

La empresa abandonó el proyecto, estaba claro que aquel modelo de robot no funcionaba bien.
Sin embargo Julián no aceptaba la derrota y siguió buscando soluciones, hasta que un día en un arranque de desesperación se dejo llevar por su intuición.  Llenó de lubricante el espacio ocular del robot, y entonces empezaron a caer gotas de aceite sobre las mejillas de Max. Max estaba llorando y así permaneció durante horas, llorando todo el dolor y el miedo que había acumulado. Después volvió a funcionar estupendamente y se diría que parecía estar alegre.
El resto de la historia forma parte del futuro que está por escribirse todavía.

Comentario del cuento
Este cuento tiene un fuerte carácter autobiográfico y manifiesta el uso del cuento para entrar en contacto con el inconsciente y buscar soluciones creativas y profundas a nuestros problemas o dolores internos.
El cuento ha de surgir como una expresión creativa y espontanea de la persona, de forma que presenta unos personajes, plantea un conflicto y después busca una solución. En este proceso el inconsciente se expresa y la solución es una metáfora de la solución real.
En este caso, en realidad, primero hice el dibujo para expresar como me sentía y después me surgió la necesidad de escribir el cuento.


dissabte, 7 de gener del 2012

EL PODER SANADOR DE LOS CUENTOS

Precioso libro de Paola Santagostino en el que nos orienta sobre el valor y la importancia que los cuentos clásicos infantiles tienen para el desarrollo emocional del niño, y cómo escucharlos, compartirlos y elaborarlos junto al adulto pueden ayudarle a entender problemáticas del mundo de los adultos y a resolver situaciones o asuntos que le preocupan a él (al niño).
Los cuentos van directos al inconsciente, son su alimento y son clave en la resolución de conflictos, donde las emociones y los afectos son los protagonistas.
Cuando el adulto o el niño inventan cuentos nos hablan, en clave, de su historia personal, y la resolución del conflicto del cuento contribuye a la resolución del asunto que les ocupa en su vida real, si sanamos el inconsciente, sanamos nuestra vida.

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